Por un mundo mejor
No hay día en que no entre un inmigrante irregular en España. Son miles los que cruzan nuestras fronteras en busca de una hoja en blanco que les permita comenzar a escribir su historia, una historia que promete ser feliz, pero que en realidad luego no lo es tanto.
Nos vemos sorprendidos por la cantidad de cayucos que intentan alcanzar nuestras costas, por las decenas de autobuses que se empeñan en atravesar nuestras fronteras pirenaicas sin papeles, por los atrevidos que se agarran a los bajos de un camión atraídos por el olor a dinero español, y por los que se quedan una vez vencido su visado turista, con anhelo de alcanzar la felicidad en nuestras tierras, entre nosotros.
Y nosotros nos quejamos. Yo no veo motivo alguno. Tenemos que tener bien claro que ninguno de estos sin papeles viene a nuestro país por capricho, ni mucho menos. Sólo existe una respuesta de porqué vienen, y no es otra más que el hambre.
En muchos casos, el viaje que emprenden con destino a nuestro país, es su única vía para poder sobrevivir. No es fácil dejar a familiares, amigos y a tu tierra atrás. Imagino los ríos de lágrimas que pueden llegar a llorar a la hora de la verdad.
Lo realmente triste es que deben marchar, porque no tienen qué comer, ni ellos ni sus familiares, que en la mayoría de los casos (sobre todo entre los africanos) no les pueden acompañar, ahondando en su dolor.
Hijos, novias, mujeres, padres...todo queda atrás. ¿Usted no haría cualquier cosa en caso de que no tuviera qué comer o si viera a los suyos sufrir?. Yo sí.
La inanición es el verdadero problema de esta gente. Todo el mundo se mueve por el estómago. Históricamente está demostrado. Desde tiempos de la edad de piedra, todos los dirigentes que han estado al frente de la sociedad , pasando por faraones, dictadores, oligarcas, tiranos y monarcas, han sabido que mientras el pueblo tenga qué comer nada puede fallar. El problema viene cuando el hambre acecha. Entonces el pueblo protesta, se levanta y llega a usar la fuerza sin miramiento alguno.
Hartos estamos de escuchar las buenas intenciones institucionales para solventar estos graves problemas. Hartos. Pero mientras llegan estas medidas (ojalá sea cierto y lleguen algún día), no cortamos el mercado de armas (Gran Bretaña es uno de los paíse que más se beneficia), o seguimos dando créditos engrosando la deuda tercermundista, y de paso empeorando la situación gubernamental de estos países.
Menos mal que sigue habiendo cantidad de de ONGs que tratan de paliar los sufrimientos humanos del sur: SED, Acción contra el HAmbre, Save the children, etc.
La incompetencia internacional al respecto es evidente. Nos echamos las manos a la cabeza, y con mucha razón, al ver morir a un bebé de a penas dos año en Galicia, por inanición. Sin querer polemizar ni repartir culpas, pero si un país como el nuestro, que se regocija un día sí y otro también de su crecimiento económico, no puede impedir un caso tan grave y preocupante como éste, no me puedo creer que se planteen seriamente erradicar el hambre del mundo. Indignante.
Encima, nuestro país, en el que uno de los deportes favoritos es buscar chivos expiatorios para todo en este lado de la barra del bar, nos encontramos con los inmigrantes, y les cargamos de las tasas de paro, del aumento del ídice de delincuencia, y hasta de la altura media española si hace falta.
Connotativamente, inmigrante suena a delincuente, asesino y amigo de lo ajeno, pero no son más que tópicos racistas.
Claro que hay asesinos, ladrones y vándalos que no han nacido en nuestro país, pero igual que hay presos de Cádiz, Murcia o Alfajarín, sin querer faltar a nadie.
Me veo en la obligación de romper una lanza en favor de todos aquellos inmigrantes que se levantan a diario cuando las calles no están todavía puestas, a aquellos que llegan a sus casas casi al amanecer, a todos aquellos que trabajan ocho oras o más por poco más que el sueldo mínimo, y en ocasiones en situaciones precarias.
Abramos los ojos y seamos realistas. Debemos tratar a los inmigrantes como personas iguales a nosotros, porque lo son. Veamos en sus ojos la esperanza, el amor, sus sueños, su ilusión.
Así que cuando volvamos a ver en el telediario las escalofriantes imágenes de los cayucos barados en alguna playa del sur español, no cambiemos de canal o demos la espalda al televisor, piensa que tú también lo harías.

Fuente de las fotografías:
- elmundo.es
- yahoo news

Nosotros lo vemos así. referenció
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15 Enero 2007 | 03:37 PM