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La Coctelera

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5 Noviembre 2006

La fiebre del fútbol

Un fenómeno de masas, un gran mercado económico, un producto televisivo, un deporte… ¿qué es el fútbol? Es el deporte rey en Europa, que mueve a miles y miles de seguidores todas las semanas en torno a un balón, pero en ocasiones es exagerado todo lo que conlleva un partido.
Siempre hablando a nivel profesional, los futbolistas son como actores dentro de un teatro, solo que el éxito de su obra no está en el taquillaje, que también, sino en el resultado final de la contienda. La base del fútbol son los resultados. Gracias a ellos se sustenta todo el tinglado futbolístico.
Son objeto de nuestras críticas sus elevados sueldos, y es cierto, pero desde aquí, de manera desinteresada, pretendo, en parte, justificarlos. Cierto es que millones de personas se despiertan a tempranas horas para trabajar, para completar sus jornadas laborales; bajan a la mina, llenan las fábricas, trabajan el campo…por un sueldo comprensible.
Y un futbolista ¿qué? Trabaja menos de dos horas diarias a cambio de un salario en ocasiones desorbitado, y un viajecito semanal. No está mal. Sin embargo, ellos ponen en marcha un importante mercado que mueve miles de millones de euros en todo el mundo, y que llegan a influir incluso en el devenir político de un país.
Puede parecer injustificable, pero mi padre, que no es futbolista, no vende camisetas, ni relojes, ni natillas; ni sale en la prensa o la televisión todos los días. Y eso se paga. Mi progenitor puede salir tranquilo a la calle, con su mujer, o con sus amigos, de compras o de cervezas, pero tranquilo. Ronaldinho no; y eso también se paga.
Somos los consumidores quienes sustentamos este espectáculo, de manera directa o indirecta. Las televisiones pagan verdaderas millonadas por explotar los derechos de imagen de estos trabajadores. El fútbol es un soporte publicitario insustituible. Su influencia llega a extremos inusitados, y para muestra están países como Argentina, o Brasil, cuyo presidente llegó a criticar a Ronaldo públicamente y en un acto oficial en este pasado mundial de Alemania por su bajo rendimiento deportivo, incluso los parlamentarios intentaron influir en la federación brasileña de fútbol para destituir al entrenador, Carlos Alberto Parreira.
Parece increíble, pero es cierto. Por el partido del siglo se llegan a pagar sueldos enteros por las entradas, y todas las temporadas nos encontramos ante dos o tres partidos de este tipo. Viajamos con el equipo de nuestros amores, donde haga falta. Como bien dice la popular canción futbolística, superamos obstáculos y recorremos kilómetros, pero sólo por nuestro equipo.
Soportamos frío, calor, nieve, lluvia, sol…dejamos a nuestras parejas, pedimos cambios de turno en nuestros trabajos, nos hacemos de una peña…y todo por nuestro equipo. Hay a mucha gente que le resulta todo esto una locura, pero no lo es.
Sin llegar a los extremos de los grupos radicales que se amparan detrás de los colores de un club para llevar a cabo sus campañas politicuchas o para cometer actos impropios de una persona normal, utilizando el fútbol como base de sus improperios y amenazas de toda índole, el fútbol es algo más.
Es un sentimiento, una emoción e incluso una forma de vida. Ser de un equipo es llorar por unos colores, es alegrarse, es sufrir, es divertirse, es entristecerse, es sonreír, es refunfuñar, es aumentar nuestra moral, es ver la vida de otra forma. Y eso bien lo sabe cualquier aficionado. ¿Qué es el madrugón del lunes después de que tu equipo haya perdido la noche anterior? Un verdadero castigo; eso sí, como haya ganado a un grande, como el Barcelona o el Madrid, levantarse es más llevadero. Uno se levanta contento y alegre, queriendo llegar a su trabajo o a la universidad o a donde sea, tan sólo para comentar el último partido.
El fútbol debe ser un elemento socializador y no divisorio como pasa, por desgracia, en el fútbol actual. Hartos estamos de los enfrentamientos entre aficiones, no sólo verbales, sino físicos. Debemos utilizar el espectáculo puramente deportivo, debemos sentir nuestros colores, pero debemos comprender que los demás sienten lo mismo que nosotros, solo que por otro equipo.
La fiebre por el fútbol, como deporte que es, no es ninguna enfermedad. El ser humano necesita de emociones, de emociones a las que agarrarse, con las que vivir, y el fútbol es una de ellas, pero no está por encima de nada, ni mucho menos por encima de otros seres humanos.
Así que mantengamos el amor por el fútbol, seamos partícipes de ese mercado si realmente queremos, pero nunca olvidemos que el fútbol es un deporte, en el que se gana y se pierde, y en el que priman los resultados.

Fotografía obtenida en google image

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15 Enero 2007 | 03:37 PM

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