La actualidad pamplonica se ha visto marcada estos días por el rechazo por parte del ilustre ayuntamiento de nuestra ciudad a la celebración de tres encierros para fines publicitarios. Esta decisión del consistorio ha levantado cierta polémica en las calles de Pamplona entre quienes ven con buenos ojos la celebración de estas carreras y quienes apoyan la decisión de la institución.
La historia comienza cuando la marca de cervezas “Budweiser” elige Pamplona y sus encierros para rodar el anuncio que enseñarán en la final de la “Super Bowl”, seguida por aproximadamente 50 millones de personas de todo el mundo. Pretendían hacer tres encierros en diciembre (tan sólo uno de ellos con toros, los otros dos con mansos) para así conseguir las imágenes que ellos querían utilizar en su spot.
La marca de cervezas corría con todos los gastos que conlleva organizar este evento, que no son pocos (vallado, seguridad, limpieza, seguros, personal sanitario…), además de dejar una suculenta bolsa de euros para las arcas del consistorio. La respuesta del ayuntamiento, un rotundo e inegociable no.
Los encierros son el acto por antonomasia de los Sanfermines, son el corazón de la fiesta y su razón de ser desde antaño. ¿Quién no conoce los encierros de Pamplona?; ¿quién no ha visto nunca caer a los toros en la curva de Mercaderes-Estafeta?; ¿quién no se ha levantado nunca a las 8 de la mañana para ver en directo tan vibrante carrera?
Es un tema farragoso. Quienes realmente saben qué es el encierro, quienes lo viven desde siempre, quienes lo sienten y quienes lo corren de verdad, seguramente se opondrán a comercializar de esta manera el encierro.
Desde el punto de vista publicitario, es una ocasión única, porque no son pocos los millones que cuestan anunciarse en plena final de la “Super Bowl” con la repercusión que este partido tiene en todos los continentes, especialmente en el americano y más concretamente en Estados Unidos.
Pero lo que menos necesita Pamplona es comercializar sus fiestas y en especial su encierro. Del 6 al 14 de julio la vieja Iruña no da a basto, se encuentra saturada. Ya es de sobra conocida la popular carrera en todos los rincones del mundo, gracias en gran medida a la historia y la pluma de Ernest Hemingway, pluma que llevaba por tapón un pañuelico rojo y una faja como adorno.
El resto del año, Pamplona carece de turismo. El turismo rural y de interior es el imperante en nuestra comunidad. Cierto es que somos una ciudad tan pequeña que no se ve en el mapa, como bien dice la popular canción, pero en esos nueve días de julio somos la capital del mundo, sin ánimo de exagerar nuestro egocentrismo.
Además, lo que sobran en las calles de Pamplona son heroicos corredores que no saben de qué va ésto, grandes corredores con faja caída a la derecha, boina carlista que poco o nada tiene que ver con nuestra fiesta pero que año tras año se vende como churros, estado etílico preocupante, chancletas en los pies, variopintos sombreros en sus cabezas y qué más sabe Dios que lleva su vestimenta. Lo que realmente hace falta es un poco de conocimiento, que el encierro no es ninguna tontería, que realmente te puede costar la vida.
Los que somos corredores estamos hartos de todos estos guiris sobre todo, fácilmente identificables, más aún cuando corren con una camiseta que publicita un casino yanqui on-line (denigrante), y demás amago de corredores que se meten en el recorrido todas las mañanas tratando de hacer del encierro un afterhour, cantando canciones futbolísticas minutos antes de sonar el primer cohete, y berreando alcoholizados pensando que en vez de toros igual salen los dibujitos de Disney a animar a los presentes. Patético.
¡Basta ya! La gente de casa, y quienes vienen de fuera a correr el encierro de verdad, por afición, por amor a la carrera, por tauromaquia, por los sentimientos que en uno despierta ver a los toros resoplando en su espalda, todos estamos ya hartos de tener que sortear y que preocuparnos más por la masa de inconscientes que por los propios toros. Y gracias al capotico de San Fermín que no pasa nada más y que no sumamos muertos y muertos todos los años. Eso sí que es sorprendente.
De alabar es la actuación de la policía municipal en estos días, y de la policía foral, y aún así no dan a basto ni con ayuda de los chavales de protección civil. Yo aplaudo la decisión del ayuntamiento. El encierro es lo que es, y el primero del año es el 7 de julio. Y no hay más que hablar.
Hoy será una marca de cervezas, pero si se permite acabaríamos parando los toros en plena carrera para fotografiarlos comiendo patatas fritas con Emilio Aragón o yogures de los que te ayudan a… ya sabes, con Coronado.
Mientras leía la noticia en la prensa local sorprendido, me asaltaba la misma duda en cada línea.: ¿qué opina PETA de todo ésto? No me quiero aventurar a decir nada que no sea cierto, pero seguro que no lo verían tan mal, porque es una cerveza yanki, porque sólo es publicidad o por cualquier chorrada así con lo que justificarían todo este circo que querían montar. Voy a dejar de meterme con este colectivo porque lo mismo un día no me hago la cama y piensan que le estoy toreando a mi madre y se agolpan cuatro tarugos desnudos en la puerta de mi casa. Lo mismo hasta llaman a la prensa para dar más pena como todos los 5 de julio. ¡Que se vayan de aquí!
La tortura no es arte ni cultura dicen, pero por si acaso irán a ver los rodeos de búfalos, o los estúpidos espectáculos animales americanos como carreras de cerdos, o soñarán con tener un caballo de carreras… ¡que nos dejen tranquilos!
Pido disculpas si este artículo ha resultado un tanto subjetivo, pero como corredor y amante de los encierros que soy no puedo concebir que se insulte de esta manera a mi ciudad y a sus encierros. Así que el que quiera correr en nuestras calles, que sepa donde se mete y como se hace (y nunca se apunte a cursos como los que da por Internet el divino Julen Madina, el mismo que se cree que lo sabe todo, el mismo que se atreve a considerarse como un profesional del encierro, el mismo que corre con los codos en alto golpeando a los demás, el mismo que empuja a quien se le pone en medio, el mismo que no duda en lanzarte a los cuernos del toro si le estas estropeando una foto de portada o un bonito primer plano, el mismo insulso y ababol de Hernani que un toro le corneo 5 veces en el callejón y que gracias a San Fermín puede contarlo…por favor, eso es reírse de los demás corredores Julen, y está muy pero que muy mal, también tu podrías ver el encierro por la televisión en la que tanto te gusta hablar, cuanto mejor estaríamos).
Tratemos al encierro como lo que es, un arte como el torear, un acto de emoción, de valentía, de sentimientos. Menos mal que no hemos prostituido el encierro aceptando ofertas publicitarias ajenas a nuestras instituciones y nuestros intereses, por muy suculentas que estas sean.