Indignante. Es la palabra que mejor define lo acaecido en Madrid con la misa funeraria en recuerdo del dictador y asesino Pinochet, que se celebro el pasado 10 de enero. Cuesta creer lo que vimos por televisión. Decenas de personas (gracias a Dios no eran más los desalmados), entre quienes se encontraban Tejero e Ynestrillas, fascistas de pro, cantaron el cara al sol tan obsoleto y provocador como nunca, con el brazo derecho en alza, franquistas. Sólo les faltaban las lágrimas en los ojos por haber perdido su España fascista.
Ver para creer. En pleno siglo XXI, aún queda gente tan retrógrada e incalificable por ofensivo como ellos. Realmente no merecen siquiera que gaste mi preciado y ausente tiempo y el de ustedes, mis lectores, en algo así, pero necesito expresar mi malestar al respecto, y con la fuerza de la palabra criticar a todos estos personajes que apoyan a asesinos dictadores condenados por la justicia y la moral mundial.
Igual que en Alemania intentan acabar cuanto antes con toda clase de resquicio nazi, igual que en Italia Mussolini y su fascismo es tema tabú, en España deberíamos enterrar a la figura de Franco de una vez para siempre. Así va el país. En vez de borrar la huella franquista, tan vergonzosa y cruel, nos dedicamos a incluir en el papel couché y en la farándula a la nieta de tan osado asesino Francisco. Por favor…
No contentos con entonar su cancioncilla, se dedicaron a gritar emblemas franquistas, aquéllos que rezaban a una España unida y libre. Muy majos los allí presentes, lástima. Pero no se contentaron con su gritos, como si de los peores hooligans se tratara, increparon a Garzón y a la cadena de televisión tele 5. Y eran gente de traje y corbata, mujeres con pieles y joyas, hombres de dinero, no se piensen que eran cuatro cabezas rapadas fascistas propios de la zona sur del Bernabéu o del Calderón. Seguramente, quienes allí se dieron tan triste cita, son abogados, directivos médicos, etc., es decir, gente influyente y con estudios, y eso es lo más triste.
Es penoso ver como todavía hay personas, si es que son dignos de calificarlos como tal, que defiendan ideas tiranas, absolutistas, macabras y dictatoriales. Seguramente que si hubieran sufrido en sus carnes o en las de su familia las garras de la dictadura franquista, no hubieran estado ahí gritando.
Para más INRI la misa se celebro en la Iglesia San Fermín de los Navarros en Madrid, cosa que me ofende muy directamente. ¿Quién permitió una misa funeraria así? ¿No debería la Iglesia tomar cartas en el asunto y sancionar al párroco de la misma? Con la Iglesia hemos topado, que diría aquél, pero la verdad es que me cuesta creer como un sacerdote cristiano, de mi misma religión, puede ofrecerse o no negarse a celebrar tan macabra eucaristía, escasas fechas después de celebrar la misa de Navidad.
Seguro estoy que ese hombre estará sufriendo en el infierno lo que ha hecho sufrir mientras vivía en la tierra. En paz descansen cuantas víctimas dejó en su camino. Y por favor, condenemos públicamente actos como este, porque al igual que se ilegalizan manifestaciones, bien debiera haber un criterio para erradicar esta clase de citas organizadas y anunciadas de antemano (publicaron una esquela en el periódico El Mundo). Porque la extrema derecha bien debiera estar prohibida, por eso mismo, por extremistas, y no son pocos los actos violentos que protagonizan sus afines más jóvenes. Desconozco de dónde les puede venir tal sentimiento de hiel, de exaltación y enervación de la sangre que corre por sus venas y que les lleva a cometer palizas en nombre de la defensa de su país. Retrógrados insolentes, eso es lo que son además de violentos. Espero que su futuro sea acabar entre rejas y dejen de expandir ideas tan terroristas como las que llevan por bandera. Ni una cosa ni la otra.
No dejemos pasar por alto todo esto. Se valen de ello, y se regocijan de salir en los medios de comunicación, porque no acaban malparados. Les hace gracia verse insultando a unos y a otros en directo. Supongo que ha esta gente la palabra vida les dirá bien poco, y la palabra sólo la utilizan para faltar. ¡Enterremos a Franco y sus resquicios fascistas ya!